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Spencer Tunick

El encantador de cuerpos y ciudades

Spencer Tunick realizará una nueva instalación artística para la cual se convocarán alrededor de 3.000 personas, que se desnudarán y pasearán por las calles de Valencia, posando con sus cuerpos bajo la atenta mirada y firme voz del fotógrafo estadounidense.

En sus fotografías las multitudes desarropadas, situadas en localizaciones públicas, se disponen en formaciones artísticas que generan una tensión en el espectador. Su arte abre el debate sobre la dicotomía entre lo público y lo privado, lo prohibido y lo tolerado, lo inmoral y lo moral, lo personal y lo colectivo. Por otra parte, esta labor va más allá de tomar una fotografía, su verdadera tarea como artista roza lo épico, pues consiste en citar a miles de personas que se desnudan a las seis de la mañana, pintan su piel unos a otros y se ponen al servicio de Spencer como una gran masa humana y anónima.

Sus instalaciones también contienen una parte de cruda crítica social. Por un lado, es una bofetada a la regia doble moral actual, la cual sigue censurando nuestros cuerpos o aquellas extremidades y concavidades que “molestan”. Por otro lado es una detracción a las leyes que rigen las funciones de los espacios públicos y privados. Y por último, sus instalaciones siempre tienen una ligera pero notable crítica política. Sus fotografías son un ataque a esa clase dominante que con sus estrategias acallan la individualidad y controlan los cuerpos mediante mecanismos institucionales. Muestra de ello es la sesión de fotos que Tunick realizó en México en 2016 como crítica a la campaña política de Donald Trump. En esta acción fotografío 20 cuerpos desnudos puestos del revés, una imagen tan bella como impactante.

No obstante, el arte de Spencer no solo funciona como crítica, ya que también destila un fuerte sentimiento de humanidad. Esos cuerpos desnudos, despojados de identidad se unen en un total hermanamiento. Esta multitud se convierte por unas horas en el alma ciudad. Porque la metrópolis, en las instalaciones del artista, es el auténtico personaje protagonista. Las plazas o las grandes avenidas vacías, ponen al servicio de Spencer su arquitectura, para que él las llene de un significado poético y desgarrador. Como si fuesen supervivientes de una catástrofe, los cuerpos que se muestran son una metáfora de una humanidad que se reconcilia con su lado animal y recupera su instinto de manada para conquistar lo que legítimamente le pertenece.

Por otra parte, la relación de Spencer con España es enriquecedora y siempre ha manifestado ante a la prensa su interés de volver a trabajar nuestro país. Sus dos únicas instalaciones fueron en 2003 en Montjuïc (Barcelona) donde fotografío casi 7000 cuerpos y en 2007 en San Sebastián, donde tomó fotografías de 1200 personas en los famosos cubos de Moneo. Este mes de marzo visitará Valencia con la intención de realizar una nueva instalación. La ciudad del Turia dispone de espacios idóneos para acoger las ideas del artista. Los participantes recibirán una copia cuñada y numerada de la fotografía tomada por Spencer como recuerdo de la experiencia.

En definitiva, el arte de Spencer Tunick va más allá de lo que muestra. Tarda aproximadamente una hora en tomar una fotografía. Por lo tanto, lo importante no solo es la representación final, sino la ritualística necesaria para llegar a ese punto. Durante esa hora su función es captar el alma de una ciudad y descodificar su lenguaje, y lo logra no solo mediante la alineación de cuerpos desnudos, sino también sincronizándose con la energía y la geometría del propio espacio urbano.